Seite 5: Die roten Schuhe (Los zapatos rojos)



Am nächsten Sonntag war Abendmahl, und Karen sah die schwarzen Schuhe an, dann die roten, – und dann sah sie die roten wieder an und zog sie an.
Es war herrlicher Sonnenschein; Karen und die alte Dame gingen einen Weg durch das Kornfeld; da stäubte es ein wenig. An der Kirchentür stand ein alter Soldat mit einem Krückstock und einem gewaltig langen Barte, der war mehr rot als weiß, er war sogar fuchsrot. Er verbeugte sich tief bis zur Erde und fragte die alte Dame, ob er ihre Schuhe abstäuben dürfe. Und Karen streckte ihren kleinen Fuß auch aus.

»Sieh, was für hübsche Tanzschuhe«, sagte der Soldat, »sitzt fest, wenn ihr tanzt.« Und dann schlug er mit der Hand auf die Sohlen. Die alte Dame gab dem Soldaten einen Schilling, und dann ging sie mit Karen in die Kirche.

Pero el domingo siguiente, fecha en que debía recibir la comunión, Karen contempló sus zapatos negros y luego los rojos, – miró otra vez los rojos, y se los puso. Era un hermoso día de sol. Karen y la anciana señora iban por un camino a través de un campo de trigo, y era un sendero bastante polvoriento. Junto a la puerta de la iglesia había un soldado viejo con una muleta y una barba muy larga que era más roja que blanca, era rojo subido. Se inclinó casi hasta el suelo al preguntar a la dama si le permitía sacudir el polvo de sus zapatos. Y Karen extendió también su piececito.
-¡Vaya! ¡Qué hermosos zapatos de baile! -exclamó el soldado. -¡Quedad pegados al bailar!- Y al decir esto tocó las suelas de los zapatos con la mano. La anciana dio al soldado un chelín y entró en la iglesia acompañada por Karen.

Vokabular
das Abendmahl = la comunión
das Kornfeld = el campo de trigo
der Krückstock = la muleta
abstäuben = sacudir el polvo
die Sohle = la suela





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