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  Seite 09: Die Geschichte vom kleinen Muck (Historia del pequeño Muck)


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Lange stand der kleine Muck vor Schrecken leblos. Jetzt war sein Schicksal entschieden, jetzt mußte er entfliehen, sonst schlug ihn die Alte tot. Sogleich war auch seine Reise beschlossen, und nur noch einmal wollte er sich umschauen, ob er nichts von den Habseligkeiten der Frau Ahavzi zu seinem Marsch brauchen könnte.
Da fielen ihm ein Paar mächtig große Pantoffeln ins Auge; sie waren zwar nicht schön; aber seine eigenen konnten keine Reise mehr mitmachen; auch zogen ihn jene wegen ihrer Größe an; denn hatte er diese am Fuß, so mußten ihm hoffentlich alle Leute ansehen, daß er die Kinderschuhe vertreten habe.
Er zog also schnell seine Töffelein aus und fuhr in die großen hinein. Ein Spazierstöcklein mit einem schön geschnittenen Löwenkopf schien ihm auch hier allzu müßig in der Ecke zu stehen; er nahm es also mit und eilte zum Zimmer hinaus.
Schnell ging er jetzt auf seine Kammer, zog sein Mäntelein an, setzte den väterlichen Turban auf, steckte den Dolch in den Gürtel und lief, so schnell ihn seine Füße trugen, zum Haus und zur Stadt hinaus. Vor der Stadt lief er, aus Angst vor der Alten, immer weiter fort, bis er vor Müdigkeit beinahe nicht mehr konnte. So schnell war er in seinem Leben nicht gegangen; ja, es schien ihm, als könne er gar nicht aufhören zu rennen; denn eine unsichtbare Gewalt schien ihn fortzureißen.
Endlich bemerkte er, daß es mit den Pantoffeln eine eigene Bewandtnis haben müsse; denn diese schossen immer fort und führten ihn mit sich.
Er versuchte auf allerlei Weise stillzustehen; aber es wollte nicht gelingen; da rief er in der höchsten Not, wie man den Pferden zuruft, sich selbst zu:»Oh - oh, halt, oh!«
Da hielten die Pantoffeln, und Muck warf sich erschöpft auf die Erde nieder.

  El pequeño Muck se quedó como petrificado del susto. Ahora su destino estaba decidido, tenía que huir ya, o la vieja le mataría. Inmediatamente decidió marcharse y sólo una vez quiso echar un vistazo a su alrededor por si podía servirle alguno de los trastos de la señora Ahavzi para su viaje.

Le llamaron la atención un par de babuchas grandísimas; no eran bonitas, pero las suyas no soportarían otro viaje; además, le atraían aquéllas por su tamaño, porque, llevándolas puestas era de suponer que todo el mundo vería que ya no era un niño.


Rápidamente dejó sus babuchillas y se calzó las grandes. Un bastoncillo de paseo con cabeza de león artísticamente tallada le pareció que estaba olvidado en el rincón, así que lo cogió y se apresuró a salir.

Rápidamente corrió a su habitación, se puso su capita y el turbante de su padre, se colgó la daga del cinturón y se dispuso, con toda la velocidad que le permitían sus pies, a abandonar la casa y la ciudad.
Por miedo a la vieja, se alejó más y más de la ciudad hasta que casi no podía tenerse en pie de fatiga.
Nunca en su vida había andado con tal velocidad e incluso le pareció que no podía parar de correr, pues una fuerza invisible le impulsaba a continuar.

Por fin observó que las babuchas debían ser un caso particular, pues seguían avanzando y le llevaban consigo.
Intentó por todos los medios detenerse, pero no era capaz; con el mayor apuro, exclamó a sí mismo, como cuando se les grita a los caballos
-¡oh, oh, alto!
Las babuchas se detuvieron entonces y Muck se echó en el suelo agotado.

Vokabular  
das Schicksal = el destino
entfliehen = huir
sogleich = inmediatamente
die Habseligkeiten = los trastos
das Spazierstöcklein = el bastoncillo de paseo
eine eigene Bewandtnis haben = ser un caso particular
erschöpft = agotado


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