Seite 29: Der Zwerg Nase (El enano Narizotas)



Als ihn aber am nächsten Morgen die ersten Strahlen der Sonne erweckten, da dachte er ernstlich darüber nach, wie er sein Leben fristen könne, da ihn Vater und Mutter verstoßen. Er fühlte sich zu stolz, um als Aushängeschild eines Barbiers zu dienen, er wollte nicht zu einem Possenreißer sich verdingen und sich um Geld sehen lassen. Was sollte er anfangen? Da fiel ihm mit einemmal bei, daß er als Eichhörnchen große Fortschritte in der Kochkunst gemacht habe; er glaubte nicht mit Unrecht, hoffen zu dürfen, daß er es mit manchem Koch aufnehmen könne; er beschloß, seine Kunst zu benützen.
Sobald es daher lebhafter wurde auf den Straßen und der Morgen ganz heraufgekommen war, trat er zuerst in die Kirche und verrichtete sein Gebet. Dann trat er seinen Weg an. Der Herzog, der Herr des Landes, o Herr, war ein bekannter Schlemmer und Lecker, der eine gute Tafel liebte und seine Köche in allen Weltteilen aufsuchte. Zu seinem Palast begab sich der Kleine. Als er an die äußerste Pforte kam, fragten die Türhüter nach seinem Begehr und hatten ihren Spott mit ihm; er aber verlangte nach dem Oberküchenmeister. Sie lachten und führten ihn durch die Vorhöfe, und wo er hinkam, blieben die Diener stehen, schauten nach ihm, lachten weidlich und schlossen sich an, so daß nach und nach ein ungeheurer Zug von Dienern aller Art sich die Treppe des Palastes hinaufbewegte; die Stallknechte warfen ihre Striegel weg, die Läufer liefen, was sie konnten, die Teppichbreiter vergaßen, die Teppiche auszuklopfen, alles drängte und trieb sich, es war ein Gefühl, als sei der Feind vor den Toren, und das Geschrei:"Ein Zwerg, ein Zwerg! Habt ihr den Zwerg gesehen?" fällte die Lüfte.

Cuando al día siguiente los primeros rayos del sol lo despertaron, se puso a reflexionar seriamente sobre cómo podría ganarse su vida, puesto que su padre y s madre lo rechazaban. Sentía demasiado orgullo para servir de figura decorativa para un barbero, no quería ser un bufón y dejarse ver por dinero.

¿Qué debía hacer? Entonces se le ocurrió que, como ardilla, había hecho grandes progresos en el arte culinario; creía, no sin razón, que podía esperar de poder rivalizar con algún que otro cocinero; decidió sacar provecho de su arte.

Tan pronto como se animaron las calles en aquel lugar y la mañana estuvo bastante avanzada, lo primero que hizo fue entrar el la iglesia y rezar una oración. Luego se puso en camino. El duque, el señor del país, ¡o Dios! era un conocido comilón y amente de exquisitos banquetes y trataba de buscar a sus cocineres por todas las partes del mundo. Hacia su palacio se dirigió el pequeño. Al llegar a la puerta exterior, los porteros le preguntaron por el motivo de su visita y se burlaron de él. Pero él preguntó por el maestro primero de cocina.

Se rieron y lo llevaron a través de los patios y, por dondequiera que pasaba, los servidores se detenían, miraban hacia él, reían mucho y los seguían, de manera que poco a poco un interminable cortejo de servidores de toda clase iba moviéndose las escaleras del palacio hacia arriba. Los mozos de cuadra arrojaban sus almohazas, los corredores corrían cfunato podían, los tendedores de alfombras se olvidaban de sacudirlas, todos se apretujaban y revolvían, era, como si el enemigo estuviese ante las puertas y los gritos de "¡un enano, un enano! ¿Habéis visto al enano?" llenaban el ambiente.

Vokabular
das Leben fristen = ganarse la vida
das Aushängeschild = la figura decorativa
sich bei jemandem verdingen = entrar al servicio de alguien
einfallen = ocurrirse
der Fortschritt = el progreso
die Kochkunst = el arte culinario
die Tafel = el banquete
der Türhüter = el portero
Spott treiben = burlarse de
der Striegel = la almohaza
der Feind = el enemigo





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